Es bueno saber : Una cuestión de vocabulario

Para muchos, incluso los japoneses, el término bîru, que se utiliza normalmente en el archipiélago para denominar la cerveza, es la transcripción de la palabra inglesa «beer». Es cierto que en la mayoría de las etiquetas la encontramos normalmente escrita en letras latinas. Probablemente esto es lo que causa la confusión porque las empresas japonesas suelen utilizar el inglés en sus campañas de marketing. Sin embargo, el origen de bîru no se encuentra en la lengua de Shakespeare, sino en la de Erasmus, el holandés. Se trata de la palabra “bier”, “ie” tratándose de una “i” alargada que los japoneses transcriben “î”. Como se explica en el artículo siguiente, los comerciantes holandeses fueron los únicos occidentales autorizados a comerciar con Japón durante más de dos siglos y los únicos a los que se les permitió tener un puesto comercial en Nagasaki. Además, con el tiempo muchas palabras holandesas entrarían a formar parte del vocabulario japonés hasta que el archipiélago salió de su hermetismo en la segunda mitad del siglo XIX.
Fue en 1724 cuando el término bîru reemplazó a la palabra japonesa “bakushu” que se utilizaba hasta entonces para designar esta bebida. 150 años después, cuando la influencia holandesa menguó apareció un nuevo término relacionado con la cerveza en la vida cotidiana japonesa. Se trataba de biya hôru que se refiere a los lugares donde la gente se reúne para consumir cerveza y comida.
Esta vez, la expresión se toma del inglés “beer hall”, y «beer» se transcribe en japonés como “biya”. Una sutileza que bien merece ser mencionada, ya que a menudo tendemos a pasar por alto el papel desempeñado por los holandeses en la apertura experimentada por los japoneses hacia el mundo exterior. Recordemos que durante años, lo que llamaron Rangaku (estudios holandeses) significaba aprender lo que venía de otros lugares, especialmente aquello que venía de occidente.
Quedan aún muchos rastros de esta influencia en Japón, especialmente en el idioma. La mayoría de los nombres de países son transcripciones del holandés. Doitsu (Alemania) o furansu (Francia), por ejemplo, tienen sus raíces en Duits y Frans respectivamente. Otros términos cotidianos como garasu (vidrio), kôhî (“koffie”, café, 1797), randoseru (“ransel”, bolso, cartera) o incluso dansu (“en”, danza) surgieron gracias a los contactos que se mantuvieron con comerciantes holandeses que, cada año, hacían el viaje a Edo para llevar objetos y productos aún desconocidos en el archipiélago. Esto a veces dio lugar a palabras compuestas por términos holandeses y japoneses. Así es como se forjó kanzume (lata) a partir de kan (olla, lata en holandés) y zume (de “tsumeru”, rellenar en japonés).
Así que la próxima vez que pidas una cerveza en Japón, no te olvides de esta historia. Pero recuerda decir “kampai” cuando se trata de brindar porque si lanzas un “proost” (“salud” en holandés), nadie te entenderá. “Kampai” fue tomado prestado de China, donde durante mucho tiempo la gente decía “ganbei” antes de beber de la copa.
Odaira Namihei