Viaje a Japón con el programa de viajes «Storied Soil – Natural and Cultural Wonders of Tohoku, Japan»

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Viaje a Japón - Natural and Cultural Wonders of Tohoku, Japan

Explora la extraordinaria naturaleza de Tohoku, su historia y cultura únicas

En 1689, el poeta de haiku más famoso de Japón, Matsuo Basho, inició un peregrinaje de cinco meses por el país que daría lugar a su célebre obra, El estrecho camino del interior. Al escribir sobre la primera parte de su viaje, Basho dijo:

Pensé casualmente en peregrinar por el largo camino de Oshu, y aún comprendiendo que podría acabar lamentando que mi pelo se volviera blanco en aquella tierra remota y ajena, aposté por la escasa e incierta posibilidad de volver con vida de un lugar del que había oído hablar pero que no había visto con mis propios ojos

La Oshu a la que se refiere Basho es una región formada por cuatro prefecturas del noreste del país: Fukushima, Miyagi, Iwate y Aomori. Al final, sólo llegó hasta Hiraizumi, cerca de la frontera sur de Iwate, antes de dirigirse al oeste, al Mar de Japón. Sin embargo, si en aquellos años, aventurarse tan al norte se consideraba una aventura extraordinaria, viajar a Tohoku -como se conoce hoy en día a Oshu- era como ir al fin del mundo.

Incluso hoy, más de tres siglos después del viaje de Basho, Tohoku sigue estando fuera de los destinos turísticos clásicos y sigue siendo relativamente desconocida en el extranjero, especialmente en Occidente. Yo mismo sabía poco de esta región hasta que participé en el nuevo programa de viajes a Tohoku, «Storied Soil – Natural and Cultural Wonders of Tohoku, Japan», y tuve la oportunidad de descubrí su encanto.

Un viaje a Tohoku no sólo ofrece la posibilidad de disfrutar de lagos, montañas y desfiladeros vírgenes, costas espectaculares y baños termales al aire libre a lo largo de orillas de rio boscosas; también supone una inmersión en el antiguo Japón rural y feudal, con su cultura ancestral y sus tradicionales costumbres, que durante siglos se desarrollaron de forma autónoma respecto a los principales centros religiosos y políticos de Kioto y Tokio.

Es normal que los visitantes que llegan por primera vez a Japón visiten los castillos y grandes templos, pero la espina dorsal del país siempre han sido los trabajadores agrícolas, los pescadores y los artesanos que viven en los numerosos pueblos y aldeas dispersos por el archipiélago. Tohoku es un excelente ejemplo de esta humilde pero importante faceta de Japón.


Prefectura de Miyagi Oku-Matsushima y la historia de Jomon
Prefectura de Miyagi Minamisanriku y kiriko
Prefectura de Iwate Ofunato y toramai
Prefectura de Iwate Tono: a la caza de cerveza y kappa
Prefectura de Aomori Lago Towada


Oku-Matsushima y la historia de Jomon

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Los asentamientos en Tohoku guardan una larga historia que se remonta al periodo prehistórico Jomon. Una de las zonas más interesantes de la región es Oku-Matsushima, en la prefectura de Miyagi.

Oku-Matsushima es famosa en todo Japón por su hermosa bahía, salpicada de unas 260 islas pequeñas (shima) cubiertas de pinos (matsu), y que ha sido catalogada como uno de los tres paisajes más famosos del país. Sin embargo, la zona de Oku-Matsushima ha cobrado especial importancia histórica gracias a los montículos de conchas de Satohama que se descubrieron en Miyato, la isla más grande. Aquí, el pueblo Jomon llevó durante miles de años una vida sencilla basada en la pesca, la recogida de marisco, la elaboración de sal y la recolección de frutos secos.

Tanto en Hokkaido como en Tohoku se está intentando que los sitios arqueológicos del periodo Jomon sean declarados Patrimonio de la Humanidad. Una visita a Oku-Matsushima ofrece una buena idea de su valor e importancia cultural.

Satohama es uno de los mayores montículos de conchas de Japón. Destaca especialmente la Galería del Montículo de Conchas, una exposición mural realizada a partir de un montículo de conchas formado hace unos 2.800 años. Aunque a primera vista parece un vertedero en el que se acumulan 20 años de conchas, huesos de animales y herramientas rotas, también presenta esqueletos humanos cuidadosamente enterrados. De hecho, los habitantes de Jomon rinden culto no sólo a los difuntos, sino también a sus herramientas y a lo que la naturaleza les ofrecía, rezando para que descansaran en paz y volvieran a la vida. En este sentido, los montículos de conchas podían considerarse como tumbas para cualquier cosa. La importancia que tenían para el pueblo Jomon queda confirmada por el hecho de que se colocaban, para protegerlos, en terrenos más altos, fuera del alcance de un tsunami.

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La mejor manera de disfrutar de los montículos de conchas de Satohama es recorriendo la ruta de senderismo Olle, de 10 kilómetros, que permite apreciar la tranquila belleza de la región y ofrece una impresionante vista de las famosas islas de la bahía. Y la mejor idea para rematar esta experiencia única al aire libre es disfrutar de una buena comida en un restaurante, donde un famoso chef local prepara platos originales dentro de un elegante carro de cocina. Situado en una encantadora zona natural, este espacio escénico constituye una experiencia extraordinaria donde los platos se elaboran con ingredientes y recetas del periodo Jomon.

Minamisanriku y kiriko

Siguiendo hacia el norte a lo largo de la costa del Pacífico y justo antes de salir de la prefectura de Miyagi, llegamos a Minamisanriku, que forma parte del Quasi-National Park de Kinkasan y que domina el poderoso paisaje de la costa, profundamente irregular, llamada Costa de la Ría.

Una visita a esta pequeña ciudad ofrece la oportunidad de descubrir una forma característica de arte tradicional que es única en esta zona: el kiriko. Estos adornos de papel recortado suelen ser realizados por los santuarios sintoístas locales para que los fieles decoren los altares de sus casas. Estos magníficos amuletos de la buena suerte también recuerdan la triste historia de los desastres relacionados con los tsunamis, que a lo largo de la historia han arrasado comunidades enteras y han matado a miles de personas en la costa noreste de Japón.

Más de una vez, Minamisanriku ha sufrido este tipo de tragedias, incluyendo el Gran Terremoto del Este de Japón que el 11 de marzo de 2011 destruyó el 60% de las casas de la ciudad. Kaminoyama Hachimangu es un santuario que sobrevivió al tsunami y que a día de hoy mantiene viva la tradición del kiriko. Según el sacerdote principal del santuario, cuando ocurre un desastre, no se pueden preparar los pasteles de arroz y el sake que cada familia dedica a los dioses. Así que, en su lugar, elaboran artesanías de papel con forma de alimentos, bebidas y el pescado local.

La poderosa belleza de estos papeles de color blanco puro, intrincadamente cortados por manos expertas, transforma los altares en espacios fantásticos, renueva el vínculo de las personas con la madre naturaleza y les recuerda que nunca deben olvidar su pasado.

Durante esta visita, el sacerdote sintoísta guía a los visitantes por el santuario, contando la historia del tsunami y mostrando cómo hacer los kiriko. A continuación, será tu turno de realizar estas hermosas decoraciones de papel.

Ofunato y Toramai

La costa de Sanriku, donde se encuentra Minamisanriku, se extiende desde las prefecturas de Aomori a Miyagi. Está frente a un tramo del océano Pacífico que es una de las zonas pesqueras más ricas de Japón, y el puerto de Ofunato, en el sur de la prefectura de Iwate, que es uno de sus principales centros. La mayor parte de la paparda del Pacífico que se vende en el mercado japonés es capturada por la flota local. Gracias a las corrientes marinas, muchos tipos de vida marina confluyen a lo largo de la costa de Sanriku y de Ofunato en particular. En invierno, las corrientes marinas frías traen peces del norte, mientras que en verano, las corrientes marinas cálidas atraen peces del sur. Además de la paparda del Pacífico, otros pescados que se suelen encontrar en las tiendas de Ofunato son el pez volador y el besugo. Tohoku es merecidamente famosa por su abundante cocina y los amantes del pescado seguro que se irán de la región encantados. El marisco fresco es fácil de conseguir a buen precio, ¿y quién puede resistirse a delicias como el kaisen-don, un cuenco de arroz humeante cubierto de sashimi?

En Japón, comer, beber y celebrar van de la mano y Ofunato es famoso por sus ruidosos e hiperactivos bailes, entre ellos el toramai, la danza del tigre. En el periodo Kamakura (1185-1333), un barco cargado de mikoshi (santuarios portátiles) y utensilios rituales llegó a la playa de Tomari, cerca de Ofunato. Creyendo que estos objetos alejarían a los espíritus malignos y atraerían una buena cosecha y riquezas, los lugareños los consagraron en el santuario Nakamori Kumano. Aún hoy, el grupo Kadonaka-gumi, formado por residentes de las comunidades de Kadonohama y Nakai, mantiene la tradición de atraer buena suerte a la región con los espectaculares toramai.

Durante tu estancia en un ryokan (posada tradicional), tendrás la oportunidad de disfrutar del toramai mientras saboreas el marisco local y te relajas en sus aguas termales.

Al igual que Minamisanriku, Ofunato sufrió enormes daños a causa del Gran Terremoto del este de Japón. Esperemos que, gracias al desarrollo industrial de la pesca, el puerto y las iniciativas turísticas, y con un poco de ayuda de los dioses, la ciudad vaya recuperando su esplendor…

Tono: a la caza de cerveza y kappa

Los japoneses son amantes de la cerveza, y pocos lugares encarnan la cultura cervecera del país como Iwate, la principal prefectura productora de lúpulo de Japón. De hecho, es aquí donde se cultiva la mitad del lúpulo japonés y Tono es su centro. Esta pequeña ciudad es el lugar perfecto para cultivar lúpulo. Tanto los niveles de humedad como el riesgo de tifones son relativamente bajos a lo largo del año y se dice que la gran fluctuación de temperatura entre el día y la noche es ideal para cultivar variedades autóctonas como el ibuki, un lúpulo con notas aromáticas de limón y pomelo.

En Tono hay un par de cervecerías que elaboran una excelente cerveza que se disfruta especialmente cuando se combina con la especialidad local, la barbacoa de Gengis Khan o cordero mongol, en un bello entorno natural.

El pintoresco distrito agrícola de Tono está situado en una cuenca rodeada de hermosas montañas con formaciones rocosas inusuales y asombrosas. Podría decirse que la más famosa es Tsuzuki-ishi, una piedra gigantesca que está colocada encima de otra más pequeña. No está claro cómo se creó este misterioso monumento ni con qué propósito. Una teoría asevera que la piedra marca una antigua tumba. Otra creencia popular afirma que fue creada por el famoso monje guerrero del siglo XII Benkei.

Durante siglos, Tono estuvo completamente aislada del resto de la prefectura y hasta finales de la década de 1980, un viaje a esta pequeña ciudad seguía ofreciendo una visión más o menos auténtica del Japón rural. Además, su inaccesibilidad permitía que la religión local y sus peculiares costumbres se desarrollaran sin interferencias.

El extremo norte de Japón seguía siendo un misterio hasta que, a principios del siglo XX, el erudito Kunio Yanagita Kunio fue a Iwate y recopiló las leyendas e historias populares de la región. El libro que resultó sobre sus estudios de campo, Tono monogatari (Las leyendas de Tono, 1910), es una obra fundamental sobre la tradición folclórica japonesa.

Una visita al parque histórico de Denshoen ofrece la oportunidad de escuchar estos mukashi-gatari (historias antiguas) contadas por un narrador local y admirar su enorme colección de oshira-sama. Estos coloridos muñecos representan una deidad local que ha sido venerada en los hogares de las familias más antiguas desde tiempos remotos.

Entre las extrañas criaturas que habitan en los cuentos populares de Tono, los kappa (duendes del agua) son, con mucho, los más famosos, hasta el punto de que sus imágenes pueden encontrarse por toda la ciudad. Un buen lugar donde se puede ir a la caza de kappa es Kappabuchi (piscina de kappa). Cerca de este encantador y tranquilo arroyo de agua encontrarás unos cuantos pepinos y unas primitivas cañas de pescar. A los kappa les encantan los pepinos, así que puedes utilizarlos como cebo para pescar uno. Pero ten cuidado, porque los kappa son extremadamente fuertes, especialmente cuando están dentro o cerca del agua, y son excelentes luchadores de sumo.

La mejor manera de terminar una visita a Tono es asistir a una representación de kagura. Esta danza teatral sintoísta tiene una larga e importante historia cultural que fue reconocida en 2009 cuando se inscribió en la lista del Patrimonio Cultural Inmaterial de la UNESCO.

Lago Towada

Nuestro breve viaje por Tohoku termina en la prefectura de Aomori, en uno de los lugares más populares de la región: El lago Towada. Rodeado de colinas cubiertas de árboles que forman parte de la cadena montañosa de Hakkoda, este hermoso lago de cráter y el parque que lo rodea atrae a millones de visitantes cada año. Creado hace unos 2.000 años a causa de la actividad volcánica, la belleza del lago puede disfrutarse durante todo el año, con hojas verdes y frescas en primavera y una atmósfera mística en invierno. Se dice que su magnífico follaje de otoño es una de las vistas más hermosas de Japón.

La mejor manera de acercarse al lago es a través del glorioso valle del río Oirase. El sendero serpentea y gira con el río, pasando por agitados rápidos, rocas cubiertas de musgo, acantilados y delicadas cascadas.

El bosque que rodea el lago ofrece estupendas rutas de senderismo hasta el santuario de Towada y otros lugares culturales y religiosos. Y si lo que buscas es un poco de adrenalina, súbete a una balsa Gumotex para realizar un emocionante recorrido por el lago. Esta es una oportunidad de apreciar los muchos encantos del lago sin tener que alejarte mucho. Podrás descubrir lugares más escondidos sólo accesibles por carretera o con los grandes barcos turísticos. Y sobre todo, no te olvides de escribir tu oración o deseo en un papel votivo oyori-gami y sumergirlo en las profundas aguas azules del lago.