Descubrimiento : Monte Aso, salvaje en extremo

El azufre de Nakadake es conocido por ser un eficaz repelente contra la serpientes, los topos y los cobardes. / Alissa Descotes-Toyosaki para Zoom Japón

Los caballos de Aso son también vendidos por su carne que se utiliza para los deliciosos basashi, o sashimi de caballo. Varios restaurantes ofrecen la otra especialidad de Aso: los filetes de akaushi, una raza de wagyû, o buey japonés, particularmente tierno, la degustación ideal después de pasar por un onsen. Entre las 1 500 fuentes termales de la región, la más célebre es Jigoku onsen, o “baños del infierno”, construidos en el cráter después de la erupción del monte Yomine. Esta vieja institución hostelera (2327 Kawayo, Minamiaso Village, http://jigoku-onsen.co.jp), dispone de varias fuentes termales y un encantador restaurante donde se pueden saborear brochetas cocinadas en un irori, un horno tradicional que se utiliza para calentar y cocinar. Infelizmente, cerrado por obras de renovación, como otros muchos establecimientos afectados por el último seísmo, debería abrir sus puertas en 2019.
Yui nos lleva a continuación al Oeste de Aso, a los baños de Iwakura onsen (http://iwakura0026.com), que ofrecen una magnífica vista del desfiladero de Kikuchi. Es la ocasión de descubrir a pie las gargantas de Kikuchi, famosas en todo Japón por sus magníficos paisajes en otoño. Sobre un camino de senderismo de aproximadamente 2 horas, conocido por ser un “power spot” que regenera el cuerpo y el espíritu, marchamos a través de un bosque bordeado de cascadas donde caen las hojas rojas y doradas. A la vuelta, pasamos por la carretera que bordea las granjas y ranchos típicos del monte Aso antes de bifurcarse sobre el santuario epónimo.
Con 2 300 años de antigüedad, se dice que este lugar, que alberga bienes culturales importantes, está gestionado por la 91 generación de la misma familia. Dañado por el seísmo, ciertas partes como el famoso pórtico rômon, están siendo aún rehabilitadas, pero el santuario sintoísta acoge todavía a los peregrinos, muchos de los cuales son habitantes que vienen a rezar para serenar al dios del volcán Takeiwatatsunomikoto, nieto del emperador Jimmu, fundador de Japón. Según los viejos del lugar, las erupciones del monte Aso eran el síntoma de la cólera de los kami (dioses) y podían dar lugar a hambrunas y otras epidemias.
Esta creencia no se pone en duda cuando se ven abrazarse los cráteres en el crepúsculo. Las cañas de susuki flotan como cabellos incandescentes mientras que la caldera se cubre de una paleta de degradados en beige y ocre. Solo en las sombras, el Nakadake escupe sus fumarolas que tiñen de luz el cielo oscuro, ofreciendo una última visión de su fuerza volcánica.
Alissa Descotes-Toyosaki
Paseo en las gargantas de Kikuchi, célebres por sus bosques otoñales y sus cascadas. /Alissa Descotes-Toyosaki para Zoom Japón

Para llegar
Desde Kumamoto, lo más sencillo es tomar el tren o el autobús. En tren hay que contar entre 1h10 y 1h40 utilizando la línea Hôhi Honsen hasta la estación de Aso. Pero dado que las obras de reconstrucción tras el seísmo de 2016 no están terminadas, aún es preferible coger el autobús Kyûshû Odan (1, 3 o 7). Contando 1h40 desde la terminal de autobuses de Kumamoto (parada n°26, 1 500 yenes, primera salida a las 7h44) hasta la estación de Aso. Después son 35 minutos con el autobús Aso Crater (650 yenes) hasta la parada « Asosan Nishi-eki mae » para acceder al cráter de Nakadake.

Puesta de sol sobre la caldera del monte Aso, de antigüedad 300 000 años. / Alissa Descotes-Toyosaki para Zoom Japón